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domingo, 16 de agosto de 2015

Reseña: La campana de cristal (Sylvia Plath)



Esther Greenwood, una joven de los suburbios de Boston, llega a Nueva York para hacer una pasantía en una famosa revista. La oportunidad equivale a vislumbrar las puertas del Olimpo. Estamos a mediados de la década del cincuenta y la persecución del éxito gobierna la vida de la ciudad. Sin embargo, nada de eso puede disfrutarse sin asimilarse a esa cultura. Que indica un lugar prefijado para las mujeres: glorificar la liviandad y el glamour, entregarse felizmente a los brazos de la frivolidad y más tarde convertirse en madres.

Esther no está hecha para adorar esa secuencia. Y su regreso a casa, a lo que debería ser un remanso y un reencuentro, tampoco la recompone. De algún modo ha quedado marcada por la experiencia de lo insustancial de la vida. Su destino, que una vez pareció una línea recta, es ahora un laberinto. Su sentimiento dominante es esa angustiosa levedad que oscurece lo trivial, lo amoroso y lo trascendente.



Sylvia Plath fue un nombre que sonó en mi mente durante mucho tiempo. Aún así desconocía sus obras y, mucho peor, me estaba perdiendo la increíble historia personal que éstas escondían. Plath fue una escritora norteamericana, mayormente conocida por su poesía, y autora de una única novela, La campana de cristal, que significó un trabajo semiautobiográfico. No fue hasta que en mi camino se cruzó Belzhar, de Meg Wolitzer, en el que juega un importante papel la obra de Plath, que me decidí a leer La campana de cristal.

Consideramos que es una obra semiautobiográfica, porque refleja la juventud de Plath y relata hechos verídicos que marcaron en su vida un antes y un después. Pero de de alguna manera se las rebuscó para distanciarse de todo eso y ver su vida desde el punto de vista de alguien más: Esther Greenwood, su alter ego.

Al abrir el libro, lo primero que hacemos es viajar a Nueva York y situarnos en la década del cincuenta, donde encontramos a Greenwood, una joven con aspiraciones de escritora, viviendo en un sueño. Está haciendo una pasantía en una famosa revista. Pero de lo que menos le sirve ésta experiencia, es crecer como escritora, sino que la obliga a abrir los ojos a algo completamente nuevo, a una sociedad completamente diferente a la que ella pertenecía, y a encaminarse al mundo de la adultez y de los sueños rotos. 

Esther nació en una época a la que, desde mi punto de vista, no debió pertenecer. Sufre en carne viva el abrirse a una sociedad frívola y material, dónde lo único que importan son las apariencias. Nacer, crecer, hacerse de un buen status, o aparentarlo, y conseguir un marido. Hasta parece sacado de una obra de Austen. Pero ella no puede, y jamás encuentra, la confortabilidad en todo ese ambiente tan peculiar y ajeno. Es el mundo que le abre sus puertas y, sin embargo, lo rechaza. Ahí es donde empezamos a conocer y a formar parte de su fragilidad. La sensación de no pertenecer al lugar en dónde nos encontramos. El no saber a dónde más ir. El perderse para ya no volver a encontrarse. Es el punto de partida de lo que más adelante se convertiría en inestabilidad emocional y depresión. Una calle sin salida. El vivir dentro de una campana de cristal y respirar nuestro propio aire viciado, en palabras de Plath.



El rechazo al futuro, a las amistades superficiales, a su misma sangre y a la ayuda profesional, sumergen a Esther en una de las más oscuras depresiones, relatada a través de un monólogo que impregna de poesía y metáfora las cuestiones más banales.

La mayoría de los lectores opina que su relato es frívolo, egoísta y depresivo. Hay gente que desmerece su obra, simplemente porque a veces falta esa predisposición de ponerse en los zapatos del otro. Y no los juzgo. Es difícil sentir empatía con un personaje inestable y suicida, que en apariencia sufre de un típico vacío existencial propio de la edad. Pero es momento de cerrar el libro y empezar a cuestionarnos que el laberinto de emociones por el que transitó Esther, así como la misma Plath, no es algo que ellas eligieran. No es un camino que uno decida simplemente atravesar.  

Lo último que se debería hacer al leer este tipo de obras es intentar entender al personaje, al autor. En este caso en particular, estamos frente a una joven llena de fragilidad y sin rumbo fijo, sumergida en una completa oscuridad, en busca de su propia identidad. Entonces, si ella no lograba comprenderse a sí misma, no lo pretendamos nosotros tampoco. La campana de cristal no es un libro para ser comprendido, sino para ser sentido.



"Si no esperas nada de nadie, nunca estarás decepcionado."



MI CALIFICACIÓN




12 comentarios:

  1. Tienes razón, es un libro para sentirlo no para juzgarlo. Yo me sentí identificada con la protagonista cuendo lo leí, es cierto que si te dejas llevar mucho te puedes poner triste tú también, pero lo importante es como te muestra Pltah esa tristeza y desesperación.

    Me encantan tus fotos <3

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    1. ¡Hola! Muchas gracias.
      Concuerdo totalmente, estamos tratando con un punto de vista particular sobre éste tema. Es su vivencia y su forma de lidiar con la enfermedad.

      Saludos.

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  2. Hola! No lo conocía, pero me lo voy a anotar para leerlo más adelante. Muchas gracias por la información, me ha gustado mucho tu reseña :)
    Besos!!

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  3. Hola Mary!
    Con esta reedición me enteré en un review de GR que era autobiográfico y que lo que contaba la Plath no era muy lindo y que tenía algunos problemas. Lo ignoraba, pero quería leerlo.
    Es cierto que es difícil entender a alguien que pasa por esas situaciones. Y como decís si no podemos entenderla, empatizar o simpatizar con ella es mejor ser objetiva y tratar de sentir lo mismo que ella. Pero eso depende de cómo lo aborde la autora.
    Quiero leerlo porque las historias de gente complicada siempre me llaman la atención y quiero ver cómo me cae la historia de la Plath.

    Que andes bien.

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    1. Para alguien que nunca ha pasado por alguna situación similar a la de Plath es difícil sentir lo mismo que ella, pero también es difícil comprender por qué actúa como lo hace. Es decir, estamos ante uno de esos libros que varía muchísimo según el lector.

      Saludos!

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  4. Hola!!!
    En este mismo instante te amo un poco (Sí, son cosas que me pasan a mi sola) pero me dieron dinero por el día del niño y no tenía idea en que libro gastarlo. No quería desperdiciar mi dinero en un libro que después... nada. Así que soy feliz por tu reseña, porque ahora quiero ir corriendo a la librería y comprarme este!
    Me encanto lo que contaste! Sobre todo lo de la oscuridad para ser sentida. Me encanto.

    De verdad, estoy feliz de haber encontrado el libro perfecto!

    Muchas gracias! Nos estamos viendooo!

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    1. ¡Hola! Me alegra que te haya gustado y que hayas recibido algo por el día del niño. Lamentablemente hace un tiempo me dejaron de lado. Sé que crecí, pero mi niña interior todavía merece regalos jajaj

      ¡Nos leemos!

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  5. Que buena reseña, yo sólo he leído algunos de sus poemas, pero aún no he leído la noevla, tu reseña me ha dejado con ganas de hacerme con ella.
    PD: es serio adoro tus fotos.
    Besos, nos leemos.

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    1. Muchas gracias ♥

      Después de leer el libro quedé con muchísimas ganas de leer sus poemas. Quedé muy pegada a su perspectiva del mundo que sin dudas se ve influenciada por su enfermedad.

      ¡Saludos!

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  6. ¡Me ha llamado bastante la atención! El nombre se me hace conocido pero no se de donde D': Haber si tengo la oportunidad de leerlo.
    Generalmente, la mayoría de los que leen esperan encontrar personajes "perfectos", en otras palabras, que siempre tomen la decisión correcta etc,etc etc... y por eso, cuando se encuentran con un protagonista o algún personaje "real", al parecer no les gusta o les cae mal :/ Me ha pasado y supongo que depende de cada quien en cuanto a "gustos"
    Saludos y buena reseña :D

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    1. Usaste la palabra adecuada. Un personaje real con problemas reales. Plath es una anti-heroína. Es lo más alejado de una persona inspiradora. Pero por eso no deja de ser un ser especial, dueña de una escritura excelente.

      ¡Gracias por leer!

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