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sábado, 13 de agosto de 2016

Escritura random #5



¡Hola bookworms! ¿Cómo están? ¡Ja! ¿pensaron que no me iba a sentar a escribir algo para Escritura Random? Bueno, quizás era para el viernes y hoy es sábado, pero... más vale tarde que nunca.
Anunciado esto, quisiera preguntarles a los primeros comentarios: por casualidad ¿ustedes leen el resto de los comentarios para chusmear los elementos que deja el resto de los lectores? ¿o es simplemente un extraño amorodio hacia mí? ¡Es broma, don't worry! Pero en serio, no sé de dónde sacan tanta imaginación para incluir elementos TAN random. A medida que leo los comentarios entro en pánico... aún así, escribo. A todo o nada. No importa si me indican un astronauta, una ardilla y un control remoto, algo se me va a ocurrir y voy a escribir, aunque mis relatos o escenas sean lo más awkward del mundo y me den unfollow. No importa, realmente me divierto ♥
En fin, éste fue el relato más difícil de todos, me siento bastante rara en cuanto al resultado, pero ya vendrán mejores. La idea es practicar escritura y divertirme en el proceso. Los elementos que me dejaron la semana pasada fueron: un bombero, un estudio de danza, la madrugada y un pintor. Y lo que salió de esa extraña mezcla es lo siguiente:





    La fuerza de la gravedad con que sus cansados pies luchaban para despegarse del piso y llegar a su destino era demasiado grande, tanto como para hacerle dudar si sería capaz de alcanzar su objetivo, pero era apenas una pequeña y suave pluma meciéndose al son de una brisa primaveral al compararla con lo que su corazón sentía en ese momento.   No solo sus pies le pesaban. También sus brazos, sus manos, su cabeza y sobre todo el traje embarrado que llevaba puesto y que, fundido con el calor, hacía confundir las espesas gotas de sudor que bañaban su piel con las desesperadas lágrimas que comenzaban a emanar desde lo más profundo de su ser.
   La luz se filtraba a través de la persiana americana del gran ventanal que daba a la calle principal. Una vez que sus pasos se detuvieron frente a la puerta del estudio sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones. Intentó convencerse a sí mismo que todo era una pesadilla, un momento de irrealidad que podría haberle ocasionado la prolongada deshidratación a la que se había visto expuesto aquella noche y a la que se veía obligado a lidiar durante cada jornada laboral. El calor incesante, las grandes bocanadas de humo que salían de las ventanas más desafortunadas, la sirena decidida a destruir la calma de cualquiera, el susurro de los que querían saber, el grito de los que bien sabían, el fuego que destruía todo a su paso...
   Suspiró profundamente intentando desacelerar los latidos de su corazón, inhaló y exhaló una vez más para apaciguar las náuseas y el mareo que lo habían perseguido las diez cuadras que lo separaban del caos y la miseria que acechaba la casa de la señora Beltrán. Se dijo a sí mismo que estaba bien, que era un día normal como cualquier otro. Era martes, y los martes era el día en el que el pasaba a buscar a Mel. Solía llegar del trabajo quince minutos antes, con ropa olor a suavizante y el pelo aún goteando agua de aquella reconfortante ducha que marcaba un espacio entre su sacrificado trabajo de héroe y la vida familiar que lo esperaba del otro lado de la ciudad. Esas pequeñas esperas se convertían en horas. No era un hombre hecho para la quietud y el silencio. Estaba tan acostumbrado a la acción que no le importaba cruzarse a la heladería de enfrente a comprar dos batidos de la más rosada cereza y asomarse por el ventanal para disfrutar de una ronda de tutús danzantes al ritmo de la música clásica más cliché que encontraba la señora Beltrán para usar en sus clases de ballet. Prefería esa pequeña rutina a permanecer en el abombamiento de su auto, aún cuando a veces incluyera segunda ronda de batidos y una breve parada por los juegos del centro comercial.
   Aunque las luces teñían las veredas de naranja y en la puerta aún seguía ocupando su lugar el amarillento cartel que pedía silencio y paciencia hasta que la clase concluyera (lo que significaba no tocar timbre ni golpear la puerta bajo ningún pretexto), la tragedia se percibía en el aire... ese aire que faltaba, ese murmullo ausente, la música que ésta vez no llegaba a sus oídos. Pero había luz. Tal vez la clase hubiera terminado antes y Mel estuviera cambiándose las zapatillas de punta por las viejas de lona, estampadas con arcoiris y ponies rosados.
   Pensó que el amor y la desesperación eran el mejor pretexto para interrumpir la artística y aristocrática clase por lo que decidió no demorar un segundo más en golpear la puerta. Su corazón bombeaba aún más fuerte. La adrenalina corría por todo su cuerpo. No podía esperar más. Mientras su mano se acercaba al picaporte, éste se movió repentinamente y la puerta se abrió. Un ruido seco anunció el choque del duro plástico de su casco contra el piso. Un hombre entrado en años se asomó y permaneció unos segundos sin decir nada, a la espera que aquel joven dijera algo. 
   El joven nada dijo. En su interior algo se había roto para siempre. Sabía que ese hombre de overol desteñido y con manchas de pintura rosa en sus manos y cara era el pintor del que le había hablado la señora Beltrán la semana pasada. Sabía que hoy era día de refacción y que las galletitas que habían vendido Mel y sus amigas durante los últimos dos meses, golpeando las puertas del barrio, pretendiendo ser niñas exploradoras, era para recaudar fondos para el estudio, con la promesa de que las nuevas paredes dejarían las manchas indecentes y combinarían con sus pomposos tutús color batido de cereza. Sabía también que el fin de semana había estado bastante ocupado al teléfono como para leer con detenimiento esa nota que su hija le pidió que firmara. Sabía que su esposa estaba en lo cierto cuando contestó su llamada diciéndole que Mel pasaría la tarde con sus compañeras en el departamento de la profesora de danza, que tomarían el té, comerían masas finas y escucharían El lago de los cisnes de Tchaikovsky. Sabía que hacía un par de horas que ya era miércoles y que aquello no era un malentendido, que las chamuscadas zapatillas de punta que tenía en las manos eran las que le había comprado a Mel luego de tanto insistir esa tarde lluviosa a la salida del dentista. Sabía que el incendio que se esmeraban por apagar era de una reconocida profesora de danzas del centro de la ciudad, según los vagos murmullos que llegaban a sus oídos entre el griterío de los vecinos del resto del edificio. Sabía que esa noche quedaría grabada para siempre en su memoria, que esa sería la última vez que sus brazos acurrucarían a su pequeña... la clase había finalizado. 



Las consignas para la próxima escritura son:

• El primer comentario deberá indicarme un PERSONAJE (una niña, un abuelo, un perro, un astronauta, un hombre lobo, etc.)

• El segundo comentario deberá indicarme un ESCENARIO (bosque, plaza, Marte, la luna, una isla)

• El tercer comentario deberá indicarme el TIEMPO (día, noche, atardecer, medianoche)

• El cuarto comentario podrá optar por un SEGUNDO PERSONAJE o por un OBJETO(libro, varita mágica, globos, trenes, etc.)


¡Que tengan un lindo sábado! ♥







6 comentarios:

  1. Te juro que me sentí muy culpable después de teclear ESTUDIO DE DANZA, pero sé que escribís genialidades con lo que sea que te propongamos, y este relato no escapa a esa verdad. ¡Me encantó, Mary! ♥ Tanto, que se me enfrió la cena, pero antes tuve que terminar de leerlo jajaja ¡Cómo extrañaba esta sección!
    Ahora soy el primer comentario (me evito arruinar un buen personaje con un escenario extrañísimo), así que te propongo UNA PSIQUIATRA :O ¡Besos!

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  2. Por Dios!! Que buena historia!! Me encanto, me enamoro! Es la primera vez que leo algo de tus escritos pero me fascino. Ahora no me lo voy a perder nunca! <3 <3 Bueno creo que soy el segundo comentario, asi que me toca el escenario: UNA MANSION EMBRUJADA. jajaja Bsos!!

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  3. Hola! Te dejo el tercer comentario. Tengo que elegir el tiempo en que transcurrirá la historia :) Elijo el AMANECER. Vamos a ver que sale :) Besos!!!

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  4. Wow, tu relato me heló el corazón, de verdad que me encanto y bueno, soy el cuarto comentario así que diré un extranjero (dejo en tus manos la nacionalidad) y a ver qué sale.

    Saludos.

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  5. Me encantó!! Parecía imposible mezclar elementos tan disímiles y sin embargo lo lograste :)

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  6. ¡Hola!
    Acabo de descubrir tu blog y me gusta mucho, así que por aquí me quedo. :)
    Besos.

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