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sábado, 13 de agosto de 2016

Escritura random #5



¡Hola bookworms! ¿Cómo están? ¡Ja! ¿pensaron que no me iba a sentar a escribir algo para Escritura Random? Bueno, quizás era para el viernes y hoy es sábado, pero... más vale tarde que nunca.
Anunciado esto, quisiera preguntarles a los primeros comentarios: por casualidad ¿ustedes leen el resto de los comentarios para chusmear los elementos que deja el resto de los lectores? ¿o es simplemente un extraño amorodio hacia mí? ¡Es broma, don't worry! Pero en serio, no sé de dónde sacan tanta imaginación para incluir elementos TAN random. A medida que leo los comentarios entro en pánico... aún así, escribo. A todo o nada. No importa si me indican un astronauta, una ardilla y un control remoto, algo se me va a ocurrir y voy a escribir, aunque mis relatos o escenas sean lo más awkward del mundo y me den unfollow. No importa, realmente me divierto ♥
En fin, éste fue el relato más difícil de todos, me siento bastante rara en cuanto al resultado, pero ya vendrán mejores. La idea es practicar escritura y divertirme en el proceso. Los elementos que me dejaron la semana pasada fueron: un bombero, un estudio de danza, la madrugada y un pintor. Y lo que salió de esa extraña mezcla es lo siguiente:





    La fuerza de la gravedad con que sus cansados pies luchaban para despegarse del piso y llegar a su destino era demasiado grande, tanto como para hacerle dudar si sería capaz de alcanzar su objetivo, pero era apenas una pequeña y suave pluma meciéndose al son de una brisa primaveral al compararla con lo que su corazón sentía en ese momento.   No solo sus pies le pesaban. También sus brazos, sus manos, su cabeza y sobre todo el traje embarrado que llevaba puesto y que, fundido con el calor, hacía confundir las espesas gotas de sudor que bañaban su piel con las desesperadas lágrimas que comenzaban a emanar desde lo más profundo de su ser.
   La luz se filtraba a través de la persiana americana del gran ventanal que daba a la calle principal. Una vez que sus pasos se detuvieron frente a la puerta del estudio sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones. Intentó convencerse a sí mismo que todo era una pesadilla, un momento de irrealidad que podría haberle ocasionado la prolongada deshidratación a la que se había visto expuesto aquella noche y a la que se veía obligado a lidiar durante cada jornada laboral. El calor incesante, las grandes bocanadas de humo que salían de las ventanas más desafortunadas, la sirena decidida a destruir la calma de cualquiera, el susurro de los que querían saber, el grito de los que bien sabían, el fuego que destruía todo a su paso...
   Suspiró profundamente intentando desacelerar los latidos de su corazón, inhaló y exhaló una vez más para apaciguar las náuseas y el mareo que lo habían perseguido las diez cuadras que lo separaban del caos y la miseria que acechaba la casa de la señora Beltrán. Se dijo a sí mismo que estaba bien, que era un día normal como cualquier otro. Era martes, y los martes era el día en el que el pasaba a buscar a Mel. Solía llegar del trabajo quince minutos antes, con ropa olor a suavizante y el pelo aún goteando agua de aquella reconfortante ducha que marcaba un espacio entre su sacrificado trabajo de héroe y la vida familiar que lo esperaba del otro lado de la ciudad. Esas pequeñas esperas se convertían en horas. No era un hombre hecho para la quietud y el silencio. Estaba tan acostumbrado a la acción que no le importaba cruzarse a la heladería de enfrente a comprar dos batidos de la más rosada cereza y asomarse por el ventanal para disfrutar de una ronda de tutús danzantes al ritmo de la música clásica más cliché que encontraba la señora Beltrán para usar en sus clases de ballet. Prefería esa pequeña rutina a permanecer en el abombamiento de su auto, aún cuando a veces incluyera segunda ronda de batidos y una breve parada por los juegos del centro comercial.
   Aunque las luces teñían las veredas de naranja y en la puerta aún seguía ocupando su lugar el amarillento cartel que pedía silencio y paciencia hasta que la clase concluyera (lo que significaba no tocar timbre ni golpear la puerta bajo ningún pretexto), la tragedia se percibía en el aire... ese aire que faltaba, ese murmullo ausente, la música que ésta vez no llegaba a sus oídos. Pero había luz. Tal vez la clase hubiera terminado antes y Mel estuviera cambiándose las zapatillas de punta por las viejas de lona, estampadas con arcoiris y ponies rosados.
   Pensó que el amor y la desesperación eran el mejor pretexto para interrumpir la artística y aristocrática clase por lo que decidió no demorar un segundo más en golpear la puerta. Su corazón bombeaba aún más fuerte. La adrenalina corría por todo su cuerpo. No podía esperar más. Mientras su mano se acercaba al picaporte, éste se movió repentinamente y la puerta se abrió. Un ruido seco anunció el choque del duro plástico de su casco contra el piso. Un hombre entrado en años se asomó y permaneció unos segundos sin decir nada, a la espera que aquel joven dijera algo. 
   El joven nada dijo. En su interior algo se había roto para siempre. Sabía que ese hombre de overol desteñido y con manchas de pintura rosa en sus manos y cara era el pintor del que le había hablado la señora Beltrán la semana pasada. Sabía que hoy era día de refacción y que las galletitas que habían vendido Mel y sus amigas durante los últimos dos meses, golpeando las puertas del barrio, pretendiendo ser niñas exploradoras, era para recaudar fondos para el estudio, con la promesa de que las nuevas paredes dejarían las manchas indecentes y combinarían con sus pomposos tutús color batido de cereza. Sabía también que el fin de semana había estado bastante ocupado al teléfono como para leer con detenimiento esa nota que su hija le pidió que firmara. Sabía que su esposa estaba en lo cierto cuando contestó su llamada diciéndole que Mel pasaría la tarde con sus compañeras en el departamento de la profesora de danza, que tomarían el té, comerían masas finas y escucharían El lago de los cisnes de Tchaikovsky. Sabía que hacía un par de horas que ya era miércoles y que aquello no era un malentendido, que las chamuscadas zapatillas de punta que tenía en las manos eran las que le había comprado a Mel luego de tanto insistir esa tarde lluviosa a la salida del dentista. Sabía que el incendio que se esmeraban por apagar era de una reconocida profesora de danzas del centro de la ciudad, según los vagos murmullos que llegaban a sus oídos entre el griterío de los vecinos del resto del edificio. Sabía que esa noche quedaría grabada para siempre en su memoria, que esa sería la última vez que sus brazos acurrucarían a su pequeña... la clase había finalizado. 



Las consignas para la próxima escritura son:

• El primer comentario deberá indicarme un PERSONAJE (una niña, un abuelo, un perro, un astronauta, un hombre lobo, etc.)

• El segundo comentario deberá indicarme un ESCENARIO (bosque, plaza, Marte, la luna, una isla)

• El tercer comentario deberá indicarme el TIEMPO (día, noche, atardecer, medianoche)

• El cuarto comentario podrá optar por un SEGUNDO PERSONAJE o por un OBJETO(libro, varita mágica, globos, trenes, etc.)


¡Que tengan un lindo sábado! ♥







viernes, 5 de agosto de 2016

¡Escritura Random is back!



¡Holaaa! ¿Cómo están? Espero que bien y que el viernes los encuentre con un buen libro en la mano. 
Mientras planificaba la forma de reactivar el blog encontré una de mis secciones favoritas que abandoné repentinamente. Me sentí tan mal, bookworms. Pero lamentarse en la vida es tiempo perdido, y el tiempo es una de esas cosas que no se recupera. Además de querer relanzar la sección, estas últimas semanas estuvieron recomendándome que escribiera algo. Lo necesario como para dejar salir los monstruos que a veces nos visitan. Así que ¿para que hacerme rogar? 

¡Vuelve Escritura Random!

Para los lectores nuevos, esto es una especie de trabajo colaborativo blogger/lectores.
Cada viernes ustedes me dejan en los comentarios lo que las consignas de más abajo indican. Yo hago una especie de mix usando dichos elementos y escribo una pequeña historia, o más bien, una escena. No necesariamente tiene que seguir una estructura. Además de ser random es totalmente libre. Si queda alguna duda y aún así quieren ayudarme, pueden escribirme en los comentarios y les responderé a la brevedad. 

Refresquemos las consignas:



• El primer comentario deberá indicarme un PERSONAJE (una niña, un abuelo, un perro, un astronauta, un hombre lobo, etc.)

• El segundo comentario deberá indicarme un ESCENARIO (bosque, plaza, Marte, la luna, una isla)

• El tercer comentario deberá indicarme el TIEMPO (día, noche, atardecer, medianoche)

• El cuarto comentario podrá optar por un SEGUNDO PERSONAJE o por un OBJETO(libro, varita mágica, globos, trenes, etc.)


¡Los leo en los comentarios!


sábado, 5 de diciembre de 2015

Escritura Random #4




¡Hola bookworms! Sí, sé que es sábado y mis Escrituras Random las subo los viernes, pero ayer fue un día fuera de lo normal y no estuve cerca de la pc para poder escribir el nuevo relato. Pero ¡más vale tarde que nunca!

Repasemos los elementos que me dejaron la semana pasada: un chico asiático de diecisiete años, un bosque en Canadá, la noche y un libro de hechizos.
Esta vez me sentí libre de manipular bastante los elementos, pero mantiene toda la esencia, incluso sin romper las reglas.

¿Listos para una nueva lectura delirante?








Bienvenido seas al Libro de Hechizos de la familia Mori. El libro de la salvación, el libro del auxilio. Abres el libro, conjuras un hechizo y se hace realidad. A partir de este momento será su legado.
Esta mañana vinimos a conocer el Parque Nacional Banff. Nos dijeron que es el más viejo de todo Canadá. Una vez que llegas aquí, no quieres dejarlo por nada. Se convierte automáticamente en tu lugar en el mundo. Te sientes protegido por las grandes cadenas montañosas que te dan la seguridad que de nadie podrá pasar por encima de ellas para hacerte ningún tipo de daño. Y los glaciares y campos de hielo se vuelven reflejo de tu alma. No sientes frío, al contrario, la calidez sube por tus extremidades hasta trepar por tus mejillas,dotándolas de vida. Es mi lugar. Aquí me quedaré. Aquí estoy.
Son las 2 de la madrugada, y hace más de ocho horas que todos se retiraron a sus cabañas. Cuando el grupo subía al autobús que los llevaría de regreso al complejo donde pasamos los últimos dos días, decidí hacer una última excursión a escondidas. Sin ser visto por nadie, me escabullí hacia los densos bosques plagados de coníferas. Y aquí estoy, una vez más. Nadie ha llamado a mi celular, nadie ha vuelto al lugar, ningún guardaparques ha gritado mi nombre.
Podría decir que es como en casa, que toda la familia me ignora, que no notan mi presencia ni mi ausencia, pero eso no es cierto. Para ellos estoy presente estando aún a miles de kilómetros. Lleno sus pensamientos día y noche. Pensamientos de arrepentimiento y amargura.
Sería injusto decir que han sentido este rechazo por mí desde que nací, porque tampoco sería cierto. Verán, hay dos motivos. Primero porque ellos no estuvieron presentes mis primeros días de vida y, segundo,`porque cuando llegué a casa se esforzaron mucho en amarme, y debo admitir que en gran medida lo lograron. Y se los agradezco de corazón. Después los tiempos de cambio se hicieron presentes. Al principio era pequeño para entenderlo. Taro vino al mundo cuando yo apenas tenía cinco años. Fue el hijo que siempre desearon, el que dio sentido a sus vidas, el que me desplazó del nido. Cuando entré en la adolescencia la luz acudió a mí. Supe que sólo había sido un mero entretenimiento mientras esperaban al heredero. Como mis padres biológicos no pudieron hacerse cargo de mí, los bondadosos Mori me abrieron las puertas de su casa. Así se hizo más pasadero el tiempo doloroso que atravesaban en aquel momento, ese tiempo de prueba y error, de médicos, hospitales y tratamientos, y de mucho dolor.
Hoy en día las cosas se volvieron aún más oscuras que antes. Y lo único que puedo entender, o quieren que entienda, es que yo soy el responsable de todo. Sé que no es así. No soy responsable de los malos ratos que se viven en mi familia. Simplemente así sucedieron las cosas. Es más una cuestión del destino. Ellos ahora tienen a su hijo legítimo, lo quieren, lo educan, lo protegen. Yo nunca fue deseado. Simplemente aparecí.
Los últimos años han intentado convencerme de que soy un estorbo, una mala influencia, una pérdida de tiempo y un intruso. Ya no les intereso. Los Mori son como un niño pequeño y malcriado, que cuando le regalan un juguete nuevo, no duda en desechar el que tiene entre las manos.
Sinceramente no es digno de mí contar las privacidades de mi familia. Sería desleal, después de todo lo que me han dado. Claro que hablo en el sentido material, porque ya no hay rastros de los buenos sentimientos que solían brindarme. Podría contarles uno por uno los eventos que desencadenaron la  bomba estruendosa que al explotar contra el suelo sólo dejó oír un "ojalá desaparezcas". No, hoy no contaré nada de eso. Mañana tampoco. Nunca jamás.
De verdad, no tengo ánimos de manchar este libro de hechizos que confío quedará en la historia, o tal vez se convierta en leyenda. Lo he preparando antes de emprender el viaje. Sabía que vendrían a Banff. Estaba en el itinerario que nos dieron la semana anterior. También sabía de la belleza que aquí encontraría y que me permitiría sentir la paz y la tranquilidad que, tanto yo como los Mori, buscamos hace tiempo.
Ahora les hablaré del primer hechizo, el único que podré conjurar yo mismo, el resto dependerá de los Mori o de quien desee tomar poder del libro. 
En primer lugar deben pedir un deseo. Tiene que provenir de lo más profundo de sus seres. El mío está listo. La mañana antes de partir, cada uno de los Mori, incluido Taro, me pidieron, casi en tono imperativo, que desaparezca. Es un buen truco de magia ¿verdad? Apuesto a que más de uno quiso, alguna vez en su vida, ir perdiendo lentamente opacidad hasta volverse invisible al ojo humano para que, luego de unos minutos, se materializaran nuevamente y todos aplaudieran fervorosamente el acto. Bueno, en mi caso, no habrá materialización, solo pidieron que sacara un ticket de ida, sin regreso a sus vidas. 
En segundo lugar, debes conjurar el hechizo. Cada uno tiene su método y sería inadecuado que les dijera el mío, ya que podría perder su efecto. De seguro han escuchado aquello que dice "no cuentes a nadie tus planes a menos que no quieras que se cumplan". Lo que sí puedo contarles es que en un principio fantaseaba con que mi hechizo fuera conjurado en el Aokigahara, pero antes de empezar a planificarlo, ya estaba sentado en una butaca de avión camino a Canadá. Pero aquí es lo mismo. Realmente no importa el cómo, sino el qué. Y ya no les diré más.
Cierro el primer conjuro del Libro de los Hechizos sentado al pie de una de uno de los árboles más grande que hallé en el parque. Por cierto, las ramas parecen resistentes. No diré nada más, nuevamente, por temor a que el conjuro falle.
Dejaré a un lado el libro para dar inicio al hechizo más deseado por los Mori. Gracias por la estadía y espero que sepan disculpar cualquier molestia ocasionada.
Me quedo aquí, en el maravilloso bosque de Banff, rodeado por las protectores montañas rocosas. 
Con cariño, 
Ichiro



Las consignas para la próxima escritura son:

• El primer comentario deberá indicarme un PERSONAJE (una niña, un abuelo, un perro, un astronauta, un hombre lobo, etc.)

• El segundo comentario deberá indicarme un ESCENARIO (bosque, plaza, Marte, la luna, una isla)

• El tercer comentario deberá indicarme el TIEMPO (día, noche, atardecer, medianoche)

• El cuarto comentario podrá optar por un SEGUNDO PERSONAJE o por un OBJETO(libro, varita mágica, globos, trenes, etc.)


¡Que tengan un lindo sábado! ♥



viernes, 27 de noviembre de 2015

Escritura Random #3



¡Hola bookworms! ¡Feliz viernes! ¿Cómo van sus lecturas? ¿Algo bueno para recomendar?
Como ya saben, hoy es viernes de Escritura Random, una de mis secciones favoritas del blog ♥ Para quienes aún no están enterados de este proyecto pueden encontrar toda la info por aquí.
La semana pasada me dejaron cuatro elementos nuevos: un portero de un colegio, un colegio, el atardecer y un personaje más, una chica de quince años con tatuajes en las muñecas. Siendo esos mis ingredientes y habiéndolos mezclado durante toda la tarde, estoy lista para presentarles el producto final. Espero que les guste y que tengan en cuenta que esto sólo es resultado de un momento desestresante y de diversión del que muchos de ustedes también son parte. ¡Gracias por sumarse!




CAPÍTULO 1

EL CASILLERO N° 14



"Ser o no ser", pero qué estúpida pregunta. 
 Mi naturaleza se limita a la acción. Hay gente que pierde su tiempo pensando, meditando, analizando. Me da lástima como ven pasar sus vidas en un completo estado mental. Piensa, piensa, piensa... ¿Hago bien o hago mal? ¿Perjudicaré a alguien si como este inútil paquete de galletas? ¿El mundo se verá afectado por el envoltorio que dejaré? ¿Con qué cara miraré a mis vecinos cuando saque la basura? ¿Elegí la carrera correcta? ¿Apagué la cocina antes de salir? Manga de imbéciles. Piensa, piensa, piensa... Pierdan el tiempo a su antojo.
Yo nací para la acción. Hago, hago, hago. 
Y para demostrárselos, heme aquí, camino a mi tercera misión desde que fui admitida en la Asociación Ankaa.
Me encuentro caminando por los suburbios de la ciudad de los imbéciles, vestida como una adolescente normal: remera de alguna banda de moda cuyo nombre no recuerdo y no voy a desperdiciar mi tiempo en pararme frente a alguna superficie espejada o intentar leer al revés las malditas letras para adivinar el nombre, un jean que, mientras más desteñido y roto parece ser más cool y unas zapatillas comunes y corrientes, y algo embarradas.. psst ese descuido fue mio, pero debo admitir que le dio un toque más casual al look "soy una estudiante de secundaria como cualquier otra que sólo asisto a clases para que mis padres me presten el auto el fin de semana y así poder desaparecer y pasar dos jodidos días emborrachada en alguna fiesta". Sí, funcionó de maravillas. La chica grunge, la chica bohemia o como quiera que le llamen. No sólo me veía normal comparada al resto, sino que hasta pasé desapercibida. Todas parecen haber sido clonadas, hasta sus risas son parte de la patética imitación a la que se autoconvocan. Pero ¿qué más da?. Solo estoy de paso. Será un día, a lo sumo dos.
El sol se deslizaba lentamente por entre los edificios y todo a mi alrededor tenía un tono sepia. Estaba prácticamente a media cuadra del colegio. ¡MaldiTO Lugh! ¿Un colegio? Podría haber sido una oficina de correos, un hospital, hasta una embarcación, pero... ¿un maldito colegio? El muy idiota lo hizo a propósito. Sabe lo alérgica que soy a espacios cerrados con millares de hormonas revoltosas.  
"Si me pide algo grito fuerte, a la vuelta hay un oficial".
Además de ordenarme que me colara en un colegio secundario, me dotaron para leer mentes.
"Que no se me acerque la maldita drogadicta".
El tipo que viene en sentido contrario por la misma vereda es un maldito fóbico que nunca debió abandonar el útero de su madre. Traje recién lavado y planchado, demasiado grande para él, por cierto. Zapatos de cuero ultra brillantes. Cuatro ojos y peinado a la antigua. Cuarentón nene de mamá. ¿Qué tan valioso puede llevar en ese maletín de juguete que tiene miedo de que se lo robe? ¿Los planos de alguna casa? Bueno, te los robaré para hacer mi propia casa, cómo no.¿Las boletas de la luz, del agua? No pago las mías y voy a querer las tuyas. Y dinero definitivamente no, estoy segura que te gastaste todo tu último sueldo en ese asqueroso y anticuado traje para presumir en la oficina. Hazme el favor de seguir caminando estúpido freak y deja de pensar que soy una drogadicta que quiere asaltarte.
Llego a la entrada del colegio Westfield y subo las escaleras en medio segundo. Creo que me gustan las últimas mejoras que me aplicaron. Me siento más ágil, más rápida. Podría robar un McDonald's en un parpadeo y nadie se enteraría. Esos tipos consumen tanta grasa que son más lentos que una babosa.
No hay nadie a la vista. El silencio me da más seguridad. Parece haberse ido hasta el último profesor. Desde acá arriba solo puedo ver un único auto en el estacionamiento. No parece ser una gran amenaza. Quizá quedó algún técnico trabajando en el subsuelo. Me dispongo a abrir la puerta pero alguien lo hace por mí, desde el interior. ¡Rayos!
—Señor...
Es el portero del colegio. Me mira fijamente a los ojos con expresión de vegetal. En el bolsillo de su uniforme lleva bordado su nombre.
—...señor Brown. Olvidé en mi casillero mi libro de historia y mañana tengo examen. ¿Sería amable de dejarme pasar? Lo busco en dos segundos y salgo ¿sí?.
"Claro, tu libro de historia. ¿Astronomía medieval o moderna?"  Piensa el portero sin gesticular en lo más mínimo.
"¿Qué diablos?" Me gusta esto de poder leer la mente de las personas, pero no me gusta olfatear el peligro. No, definitivamente algo no anda bien, sabía que Lugh no era de confianza. Me tendió una trampa. 
—Escúcheme, solo quiero mi...—me interrumpí a mí misma sin darme cuenta. Los pensamientos del tal Brown me daban escalofríos.
"Estoy casi seguro que es la niña, solo tengo que corroborarlo", seguía dudando el tipo de la puerta.
"¿Corroborar qué?" pensé.
—Bueno, jovencita, últimamente hemos tenido muchos ladronzuelos que han intentado entrar a la sala de los profesores para cambiar las notas de los exámenes. Me veo obligado a pedirte que me dejes tu mochila y que me demuestres que no tienes nada en los bolsillos. 
—Escucheme, es importante y tengo apuro, juro que la única intención es tomar el maldito libro de historia para poder aprobar...
—Mochila, ¡ya!—me interrumpió.
Dejé la mochila detrás de la puerta. No tenía nada de valor, sólo papel de diario arrugado que puse esta mañana para que aparentara volumen. Sólo quería poner a prueba al supuesto portero e intentar descifrar cuáles eran sus planes. Nota mental: en el colegio Westfield no hay clases de Astronomía.
—Bolsillos—gruñó el hombre.
Saqué hacia afuera los bolsillo apretujados del pantalón. Saqué un boleto de colectivo y un chicle.
—¿Lo ve? Soy inofensiva.
"¡El fénix! ¡Tiene el tatuaje del fénix! ¡Es ella!"
¡Estúpida! ¡Maldita novata! Salí sin el abrigo y ahí estaban mis muñecas, desnudas ¡expuestas! Y cuando le extendí la mano para mostrarle lo que llevaba en ellas, pudo ver mi tatuaje. El fénix que me delataba como miembro de Ankaa. 
—¡Te atrapé maldita rata de laboratorio!
Esperen un momento. Eso no lo leí en su mente. Lo acaba de pronunciar en voz alta. ¡Tiempo de correr, Aricia!.
Sin dudarlo un segundo, mis piernas se impulsaron y se largaron a la carrera. Me dirigí como un rayo hacia el final del pasillo, doblé a la izquierda y me dirigí, sin mirar hacia atrás, a la fila de lockers. Fui programada un 14 de enero. Recorro a toda prisa los casilleros. Uno, dos, tres, cuatro, ¡date prisa! once, doce... Solo oigo murmullos pero sé que el portero está a la vuelta del pasillo. Casillero catorce. La combinación está en mi boleto. La ingreso rápidamente. Abro la puerta de lata e ingreso apretujada, de costado, raspando toda mi espalda. Cierro la puerta detrás de mí. Sólo escucho el forcejeo del portero al intentar abrirla nuevamente. ¡Buen trabajo, Lugh! Después de todo no me dejaste en manos del Nefasto. El sistema está configurado y funciona de maravillas. Una cegadora luz me envuelve, adormeciendo  poco a poco mis extremidades. Siento un millón de hormigas apoderándose de mi cuerpo, al mismo tiempo que empiezo a notarme más liviana.  Por fin estoy cruzando el Portal hacia M58.

Continuará...


Las consignas para la próxima escritura son:

• El primer comentario deberá indicarme un PERSONAJE (una niña, un abuelo, un perro, un astronauta, un hombre lobo, etc.)

• El segundo comentario deberá indicarme un ESCENARIO (bosque, plaza, Marte, la luna, una isla)

• El tercer comentario deberá indicarme el TIEMPO (día, noche, atardecer, medianoche)

• El cuarto comentario podrá optar por un SEGUNDO PERSONAJE o por un OBJETO(libro, varita mágica, globos, trenes, etc.)

¡Buen fin de semana! ¡Lean mucho!


viernes, 20 de noviembre de 2015

Escritura Random #2



¡Hey, bookworms! ¿Qué tal la semana? ¿Han leído mucho? Yo más que leer me he quedado un poco prendida a la escritura. Más allá de escribir bien, no tan bien, o nada bien, me gusta cómo me siento cuando escribo. Es muy liberador.
Cómo ya saben (y si no saben pueden dar click aquí) hoy es viernes de Escritura Random (yaaay!) y los elementos que me dejaron en sus comentarios de la semana pasada fueron: una bailarina, una habitación de hotel en mal estado, la noche y un candelabro. Gracias a todos los que me ayudaron. La escritura, en lo personal, se me hizo muy interesante, ya ustedes podrán juzgar cuando hayan leído el micro relato.




Estoy escribiendo estas palabras desde la habitación de un viejo hotel en ruinas. Fue lo único que encontré para pasar la noche. Natsuki no estaba en su departamento. Tampoco sus llaves. Y la pensión de Kai estaba repleta de turistas que vinieron a la ciudad con motivo del fin de semana largo. Sé que no fue la mejor idea venir a parar acá. Sola. Pero no tuve otra opción. 
 Mis medias están completamente rasgadas y las zapatillas de ballet embarradas. No vi venir aquella caída. Hubiera notado aquel hueco a mitad de la vereda de no haber estado preocupada, mirando de tanto en tanto hacia atrás, tratando de desaparecer de la vista de la criatura. 
Las rodillas me arden. La sangre está comenzando a secarse. Decidí que sentarme en el frío y húmedo piso era mucho más seguro que acercarme a la deprimente y maloliente cama. Quién sabe qué clase de enfermedad puede pescar una con tan solo acercarse. Aunque para ser sincera no es más que una hipocresía. En este momento ocurren cosas peores.
No hay luz. La bombilla principal está quemada y solo cuento con la tenue iluminación de una pequeña lámpara que se posa sobre la aún más deprimente y desvencijada mesa de noche. Si lo pienso una vez más, no me importaría no tener luz. Incluso intentaría escribir a ciegas. Pero ya no quiero saber de luces ni nada que se le asemeje. Por eso mismo ni me molesto en bajar y preguntar en la recepción si pueden reponer la bombilla quemada por una nueva. La oscuridad me protege. 
No estoy segura hasta cuando podré seguir escribiendo. Tengo dos lapiceras en el bolso y el cuaderno que tomé prestado de la oficina esta mañana. Lo que me preocupa es que en cualquier momento podría abrirse de un golpe seco la puerta de la habitación. Y todo se iluminaría. Ya no tendría escapatoria.
Mi hermano menor, Hikaru, está muerto. Es el único que hubiera podido contar la verdadera historia, en caso de que algo me suceda. Pero ya no podrá. Así que me esforzaré y trataré de terminar esta carta.
Para ponerlos al tanto de nuestra desgracia comenzaré el relato desde el principio, pero debo ser breve.
Esta mañana salí de casa más temprano que de costumbre. Todavía estaba oscuro. Había quedado con Natsuki de juntarnos unas dos horas antes de clase en el comedor de la universidad. Teníamos que entregar un trabajo final y no habíamos podido juntarnos el día anterior. 
Salí de la clase del Sr. Nakahara justo para la hora del almuerzo. Me dirigí al restaurante de la vuelta de la esquina y pedí un abundante gyudon. Aunque lo dejé casi a la mitad porque tenía prisa. Era casi la una y tenía que llegar puntual a la tienda. Debía recuperar las horas que había tomado prestadas la semana pasada. Fue la tarde más estresante de todas las que llevo trabajando ahí. Los turistas se pegaban a las vidrieras de los souvenirs como moscas a la luz. 
Afortunadamente, más tarde tenía práctica de ballet. A pesar de requerir mucho esfuerzo físico, lo encontraba sumamente relajante. Era el modo de conectarme conmigo misma luego de haber estado rodeada de tanta gente chillona y revoltosa.
 Las tres horas que estuve en el estudio siguieron su curso normalmente. Salvo por la tres llamadas perdidas que tenía de Hikaru. Tintineaban en la pantalla de mi celular cuando lo saqué del bolso en el horario de descanso. Salí a la terraza a tomar un poco de aire puro y marqué su número. Beep. "Te has comunicado con el móvil de Hikaru, si es importante déjame un mensaje y te devolveré la llamada". Volví adentro y me concentré nuevamente en los élancé y los écarté.
Al salir, Naoko se ofreció a acercarme en su auto hasta mi casa. Había oscurecido bastante y lloviznaba, cada vez más fuerte, tanto que para cuando bajé del auto se había convertido en un intenso chaparrón. 
Durante el viaje había intentando llamar de nuevo a Hikaru, porque me había olvidado las llaves, pero tampoco tuve suerte. El contestador parecía burlarse de mí cada vez que marcaba su número.
Al despedirme de Naoko, bajé corriendo del auto para agazaparme bajo el alero de la entrada. Toqué timbre tres veces, dándome cuenta de lo estúpida que había sido, ya que la puerta estaba abierta. "Idiota como tu hermano —pensé— que deja la puerta sin llave".
Entré para descubrir una de las escenas más desesperantes que uno puede encontrarse en su vida. Ver la sala de estar en un completo y escalofriante desorden, es algo que acaba con todo el aire de tus pulmones. Nada estaba en su lugar. Los sillones dados vueltas, la vajilla hecha trizas, los vidrios parecían haber explotado y la alfombra, arrancada de cuajo. Todo estaba destruido, rasgado, quebrado, calcinado. ¿Calcinado? Era imposible distinguir el torso y el rostro, pero ese era Hikaru. Llevaba puesto los mismos pantalones que la noche anterior. No podía creer lo que estaba viendo. Me disponía a gritar para pedir ayuda, pero escuché pasos en el piso de arriba. Me aferré a mi bolso y comencé a caminar silenciosamente hacia la puerta. No quería ser descubierta, en caso que el asesino estuviera aún en la casa. Si es que existía uno, claro. Me cuesta imaginar a mi hermano prendiéndose fuego él mismo luego de destruir todo lo que había en la sala. 
Dos pasos antes de llegar a la puerta de entrada, algo rodó por las escaleras. El ruido metálico que produjo continúo repiqueteando en mis oídos durante unos instantes. ¿Qué era eso? ¿Podía ser cierto lo que mis ojos presenciaban? La criatura se acercó a mí, dando pequeños saltos en su pie metálico. De repente un halo de luz iluminó mi entendimiento y lo recordé todo.
Me sentí miserable por no haber estado todo el día en casa. Por haber dejado solo a mi hermano. Era como la esposa harpía que olvida el aniversario de casados. Habíamos estado esperando aquel día desde hacía dos años, poco antes de perder a nuestra amada sobo Akari. Ella nos había hablado de un viejo candelabro que guardaba en el ático. Lo mantenía fuera de la vista de potenciales intrusos porque sabía lo especial que era. Había pertenecido a su abuela, que se lo obsequió a su madre, y así la tradición indicaba que fuera pasando de generación en generación. El destino le había arrebatado a mi abuela su única hija, y a mí, mi madre. Por lo que sobo Akari prefirió mantener oculto el candelabro antes que saltearse una generación. Cualquier persona ajena a nuestra cultura no podrá entender jamás la importancia que se le da a ciertas cosas. Como lo que sucedió esta noche. Con la herencia generacional, venía un recordatorio. La abuela sabía que en dos años el candelabro cumpliría su siglo en esta casa. Su espíritu se estaba apagando, por lo que decidió contarnos todo esto a Hikaru y a mí.
Así que desde ese día mantuvimos presente la fecha como una ocasión especial. Y ese día llegó. Y es el día en el que escribo estas rápidas memorias de nuestra desgracia.
Lamentablemente me dejé arrastrar por la maldita rutina, dejando de lado la fecha que tanto habíamos esperado. Ya les dije lo importante que son algunas cosas en nuestra cultura, pero me gustaría remarcar la importancia que tiene aquel candelabro. Es cierto que cumplía un siglo en casa, y eso es algo que no debe pasar desapercibido. Hasta el momento pensé que solo eran tonterías de la gente mayor, o una leyenda urbana sin importancia. No conocía a nadie que hubiera presenciado una situación como aquella. 
Se dice que cuando un objeto cumple cien años de convivencia en un determinado hogar, es momento de que algo en su interior cobre vida. Además de una consciencia propia. También aseguraban que su despertar sería benévolo o maligno según el trato que la familia le había dado. Y en menos de un segundo comprendí que el orgullo de nuestra tradición pudo más que aquel monstruo. Había sido marginado por muchos años en el ático de casa. Era lógico que despertara malhumorado y que descargara toda su furia en lo primero que se cruzara en su camino. Pero no Hikaru, él no tenía la culpa de nada de esto. Maldita yo, por haberlo dejado solo. Despiadada mi madre por haber partido dejándonos en el desamparo. 
Pero ya es tarde. Cualquier queja es en vano. No hay marcha atrás para el desastre que ocasionó aquel maldito artefacto. Solo me queda luchar por mi vida o permitir que la criatura me transporte a un rápido encuentro con mi hermano y sobo Akari. 
Escucho un golpe en la puerta, seco, metálico...
 Una luz cegadora me alcanza.
—¡Hey, Mizaki! Otra vez llegas tarde para cenar ¿Fue muy intensa la práctica?— me pregunta mi hermano.


Las consignas para la próxima escritura son las mismas de siempre:

• El primer comentario deberá indicarme un PERSONAJE (una niña, un abuelo, un perro, un astronauta, un hombre lobo, etc.)

• El segundo comentario deberá indicarme un ESCENARIO (bosque, plaza, Marte, la luna, una isla)

• El tercer comentario deberá indicarme el TIEMPO (día, noche, atardecer, medianoche)

• El cuarto comentario podrá optar por un SEGUNDO PERSONAJE o por un OBJETO(libro, varita mágica, globos, trenes, etc.)


¡Que tengan un buen fin de semana y buenas lecturas!



viernes, 13 de noviembre de 2015

Escritura Random #1




¡Hola bookworms! ¡Al fin viernes! No sé ustedes pero es el día de la semana que yo más espero. ¿Cómo va la lectura? Yo estoy que no puedo soltar Y por eso rompimos, de Daniel Handler, porque lecturas adictivas si que las hay...
Como les adelanté la semana pasada, los viernes van a ser un día de relajación y creatividad en este rincón blogueril. Practicaré un poco de escritura con la ayuda de ustedes. Por aquí encontrarán más información sobre Escritura Random.
Anoche me preparé una taza de té, me senté frente a mi escritorio, revisé los elementos que habían elegido para el relato de hoy y dejé volar la imaginación. No fue fácil, ya que ustedes dejaron volar aún más su imaginación con los elementos que eligieron, pero sé que hay cosas más complicadas, como desmoldar una tarta de manzana invertida. En fin, a pesar de haber intentado escribir desde muy niña, la práctica ha sido muy escasa en mi vida. Pero, al fin y al cabo, esto es un juego y no un taller de escritura. Entonces, ¡a jugar!.







Blanco, rojo, blanco, rojo, blanco...El viejo Leónides, con su paso cansado, daba vueltas alrededor de la gran carpa que anunciaba que el circo ya estaba instalado en el pequeño pueblo de Lori.
Blanco, rojo, blanco, rojo, blanco... contaba una a una las rayas de la desteñida y polvorienta carpa que contrastaba en el cielo gris que parecía venirse abajo. El viejo merodeaba y merodeaba, girando y girando, sin la necesidad de prestar atención al terreno. No le importaban las piedras que entorpecían su marcha ni los pozos que provocaban un estruendoso traqueteo en su carro ambulante. Conocía aquel lugar como la palma de su mano, cada imperfección del camino parecía saludarlo como a un viejo amigo.
Cada año, cuando las hojas comenzaban a mecerse en los árboles hasta desprenderse para irse bailando con el viento, Leónides comenzaba a preparar su pequeña tienda montada en un viejo y oxidado carro que, con tanta alegría e ilusión, se esmeraba en preparar, dándole una capa de pintura, y algunas veces dos. Durante su juventud, además de ordeñar vacas y pastorear las ovejas de su familia, había aprendido el oficio de letrista. Cada temporada se esmeraba en pintar el mejor cartel jamás visto. Algunas veces, agregaba una chillona bocina y otras, banderines de colores o serpentinas que se escurrían jugueteando con el viento. Intentaba por todos los medios llamar la atención del escaso público que llegaba de los pueblos vecinos. 
Sabía que quizás ésta sería su última oportunidad. Ya era viejo y sus pies le dolían cada vez más al caminar. Sus manos se sentían débiles y le costaba empujar el carro. Aún así no se daba por vencido. Debía vender al menos uno de sus muñecos. Le había prometido a su mujer, antes de morir, que no descansaría hasta ver que alguna de sus creaciones hiciera feliz a algún niño. En ese tiempo, había tenido que vender su granja para dedicarse a cuidar a su mujer, que estaba postrada en su cama y ya no podía valerse por sí misma. Pasaba las tardes junto a ella, mientras lijaba y lijaba trozos de madera, insertaba piezas por aquí y por allá, pinceladas de color que iban y venían, dibujando enormes sonrisas de satisfacción en el arrugado del viejo.
Planeaba hacer felices a todos los niños que conocía. Estaba seguro de que no podrían resistirse al encanto de los muñecos de madera que, además de ser hermosos y de colores vibrantes, el viejo les había colocado una curiosa red de tiras y alambres que, siguiendo el ritmo de la mano, bailaban ágilmente y con mucha gracia. Desafortunadamente nunca vendió ninguno de ellos. La situación del poblado era pésima, todas las familias estaban sumidos en la pobreza y no podían permitirse un lujo como aquel. A duras penas algunos de ellos lograban ahorrar durante todo el año para permitirse una entrada al circo. Y ésto no era siempre posible, por lo que se debían turnar. Un año iban los hermanos más grandes y al siguiente los más pequeños. Y si la época de cosecha había sido generosa, los padres sacrificaban una moneda para comprarles una bolsa de palomitas o un helado, sabiendo que era probable que semejante gasto podría significar irse a dormir toda una semana con el estómago ruidoso. Pero era una ocasión especial, un espectáculo como aquel los distraía momentáneamente de las  penas cotidianas y llenaba de ilusión los corazones más jóvenes.
Así fue como los años pasaban y el viejo Leónides seguía deambulando con su carro, sin clientes a la vista. Definitivamente, pensó, ese año debía encontrar un niño que llevara a su casa uno de sus muñecos. El tiempo se agotaba.
Cerca del mediodía, algunos rayos de sol intentaron filtrarse por la espesa capa de nubes, pero fue en vano. La función había llegado a su fin y la gente salía dispersa como hormigas atontadas de un hormiguero derrumbado. El eco de las risas y las expresiones de admiración llegaban débilmente hacia el rincón donde se encontraba el viejo junto a su carro. En un abrir y cerrar de ojos, la lluvia se apoderó del lugar. Caía pesadamente sobre los hombros y las coronillas de la gente que aún circundaba la carpa. Algunos se quedaron bajo el nogal más cercano, intentando cubrirse del agua. Otros corrieron hacia diversos caminos, desafiando las frías gotas que se escurrían por entre sus ropas.
El viejo Leónidas supo que la temporada de lluvias se había adelantado al menos unas dos semanas ese año. No pararía hasta los próximos dos meses. La pena inundó inmediatamente su corazón. Sabía que ya no tendría otra oportunidad para desprenderse de sus muñecos.
Cualquier demora sería innecesaria, lo único que lograría sería echar a perder su mercancía. Se levantó y tomó su carro, encaminando se regreso a su cabaña.Ya había recorrido la mitad del camino cuando se dio cuenta que alguien lo seguía. Había advertido unos pasos ajenos a los suyos pero decidió que sólo era el repiqueteo de la lluvia. Finalmente una tímida voz se hizo escuchar.
 — Señor...
El viejo pensó que estaba alucinando. Ya se había retirado toda la gente del pueblo hacia el lado opuesto. En el valle solo se alzaba una única cabaña y era la suya. La gente no se molestaba en ir hacia aquel lado del pueblo, y menos con un temporal como aquel. Finalmente, guiado por la curiosidad, detuvo su carro y giró con cautela. Descubrió que la voz pertenecía a un niño, muy pequeño y harapiento. En unos pocos segundos le contó que había venido caminando desde el vecino pueblo de Osco y que el dinero que le había dado su madre no alcanzaba para la entrada al circo, pero ante la insistencia del niño, el joven escuálido que vendía los boletos  había accedido a darle a cambio de las escasas monedas una grasienta bolsa de papel que contenía unas viejas papas fritas del día anterior.
Leónides pudo ver la decepción en el rostro del niño. Lo comprendía perfectamente. Ambos eran un par de criaturas desdichadas y sin consuelo... "Un momento", pensó el viejo. Una idea brotó de su mente como una estrella fugaz e iluminó tiernamente su mirada. Él podía cambiar la dicha del pequeño y el pequeño podía revertir el final del viejo. No todo estaba perdido. 
 La lluvia cesó finalmente. Las nubes fueron desplazadas por un viento tan frío que se colaba en los huesos. Al viejo le gustaban las bajas temperaturas, pero no porque pudiera presumir abrigos de piel ni botas de cuero de algún desafortunado carpincho... nada por el estilo, nada más alejado de la realidad. Más bien, lo que disfrutada era el dulce antídoto que curaba ese mal. Un tazón de leche caliente, una cama cubierta con el cobertor que había tejido su mujer años atrás, cuando gozaba de salud, y un libro gordo y amarillento que narraba las aventuras provenientes de la imaginación de un tal Julio Verne.
Por la ventana de la habitación observó su carro ambulante con un cartel despintado por la lluvia. Nada por arriba, nada por abajo. No había rastros de los muñecos. Una tímida sonrisa asomó en su curtido rostro. La venta había sido exitosa. Dejó el libro a su costado y de la mesita de luz tomó una crujiente bolsa de la cual sacó un puñado de papas y se las llevó a la boca.



Realmente no sé si quiero leer comentarios sobre el micro relato. Bueno, es chiste. Siéntanse libres de dejar críticas de todos los tamaños y colores. También los invito a que se animen a probar Escritura Random. No solo es entretenido sino que también bastante liberador. 
Les recuerdo también las consignas para la próxima escritura:

• El primer comentario deberá indicarme un PERSONAJE (una niña, un abuelo, un perro, un astronauta, un hombre lobo, etc.)

• El segundo comentario deberá indicarme un ESCENARIO (bosque, plaza, Marte, la luna, una isla)

• El tercer comentario deberá indicarme el TIEMPO (día, noche, atardecer, medianoche)

• El cuarto comentario podrá optar por un SEGUNDO PERSONAJE o por un OBJETO(libro, varita mágica, globos, trenes, etc.)


¡Nos leemos!





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