Blas de Marco pisa tierra americana con la esperanza de encontrar un nuevo hogar y olvidar su doloroso pasado. Apenas llega a La Cruz, el pequeño asentamiento en medio de la selva, trabaja duro para convertirse en soldado junto a su amigo, Sebastián Aragón. Ambos resultan ser los blancos de las miradas de las jóvenes del lugar, pero eso a Blas lo tiene sin cuidado. Su historia lo persigue y comienza a sentir que hay algo en él que no podrá confesar a nadie, ni siquiera al padre José, cura del lugar. En su interior crece una fuerza extraordinaria y salvaje que lo domina y no lo deja en paz. Su cuerpo y sus sentidos ya no le pertenecen, animados por la luna de la que no puede escapar. Cuando todo parece estar perdido, la aparición de un extraño hombre le devuelve algo de fe. El paraíso en la Tierra, la legendaria ciudad perdida, está más cerca de lo que él cree y tal vez sea este su posible camino de salvación. Será en ese lugar donde Blas encontrará respuestas a sus temores más profundos.
Tenía el libro en mis manos hacía ya varias semanas. Me armé de coraje y abrí la primer página. Me zambullí en un abrir y cerrar de ojos. Oración tras oración me encontraba cada vez más encantada con la impecable narración de Marisa Potes. Desde esa primera página supe que sería un libro lleno de aventuras, un riesgo que estaba dispuesta a tomar.
Prisionero de la luna es un viaje en el tiempo. Me hubiera resultado mucho más fácil decir simplemente narrativa histórica, pero es mucho más que eso. El relato nos traslada inmediatamente varios siglos atrás, en aquella terrible época que supuso un cambio radical para los nativos americanos. Luego del descubrimiento del nuevo mundo por parte de Cristobal Colón, comenzaron a desembarcar barcos repletos de gente a poblar estas tierras que prometían un futuro mejor.
La primer parte de la saga La sombra del lobo, sigue la odisea de los recién llegados: los españoles.
En uno de los barcos llega Blas de Marco, un joven de tan solo quince años, quién será el protagonista de esta épica aventura que recién comienza. Blas, como todos, viene cargado de sueños y esperanzas. La Tierra Prometida tiene todo para ofrecerle. Sólo se debe arar la tierra, poner la semilla, regarla durante un tiempo y esperar que germine. La cosecha vendrá, si se tiene paciencia. La metáfora no podría ser más acertada porque es la realidad que ellos enfrentan. Vienen a estabilizarse en una ciudad que aún no existe, y es por ello que deberán construirla con sus propias manos. Y todo esto lo hemos conocido, desde muy chicos, de las páginas de nuestros libros de historia. Así fue la colonización española, claro que de una manera mucho más cruda que Potes no retrata, al menos en esta primer entrega. El usurpamiento de tierras se producía a lo largo y ancho del continente, dónde no sólo buscaban un hogar donde radicarse, sino que deseaban imponer un poco de aquella civilización que traían bajo el brazo.
En Prisionero de la luna sólo conoceremos a una parte de los españoles recién llegados. Su tarea no es solo edificar la nueva ciudad sino también protegerla. Tengamos en cuenta que no sólo ven como enemigo al originario que defiende sus tierras, sino también a sus compatriotas, todos luchando por la conquista de un mismo suelo. Es por ello que un ejército se pone en marcha con los más jóvenes del asentamiento. Aquí conoceremos un poco más a Blas de Marco y a su grupo, en especial a su mejor amigo, Sebastián Aragón, uno de los personajes que será de vital importancia para el desarrollo de la trama y para la existencia del mismo Blas.
Por las noches, luego de jornadas agotadoras de entrenamiento y construcción, los jóvenes se alimentan y descansan, rodeando hermosas fogatas que serán testigos de numerosos mitos y leyendas que serán contados para avivar las últimas horas del día. En una de esas noches saldrán a la luz dos leyendas de gran importancia para nuestro relato que, sin dudas, permanecerán en la mente de los nuevos pobladores. En primer lugar escucharemos sobre hombres lobo y luego, sobre Llaxta, una ciudad perdida que promete ser el paraíso, pero que nadie puede entrar en ella a menos que sea invitado.
Los hombres lobos nos traerán muchas sorpresas. Básicamente la primera parte del relato se dedica a plantearnos muchas hipótesis sobre ellos en relación a los personajes de la historia. La narración será mucho más lenta y pausada que la segunda, porque nos adentraremos en la parte paranormal de la historia, y es un elemento que debe ser bien aclarado y digerido, más aún cuando el libro está dedicado a un público muy joven. La segunda parte es la más ágil y dinámica, ya que nos adentramos al fantasy. Descubriremos página a página el desenvolvimiento de una nueva ciudad dentro del mundo conocido por todos, pero que se regirá bajo sus propias leyes y dónde todo para haber nacido de una utopía.
La pluma de Marisa Potes emana una prosa verdaderamente fluida y cautivante que da lugar al comienzo de una historia llena de aventuras y fantasía. De los hombres lobo no sólo nos dejará ver a criaturas legendarias, sino que habrá mucha humanidad en ellas de las que aprenderemos más de lo esperado, y de aquella ciudad salida de un sueño, donde todo parece amor y paz, aprenderemos a vislumbrar la gran diferencia entre lo ficticio y lo real, entre una cuasi perfección anhelada y el mundo tal cual es, ese al que realmente pertenecemos.
"Las noches no traen solamente luz de luna. Las noches traen consigo lo peor de las personas. No sé sabe bien por qué. Pero es por la noche cuando los dolores se agudizan, la fiebre aumenta, el amor se esconde, los sentidos se exaltan, las obsesiones recrudecen, los problemas se magnifican."
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