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viernes, 13 de noviembre de 2015

Escritura Random #1




¡Hola bookworms! ¡Al fin viernes! No sé ustedes pero es el día de la semana que yo más espero. ¿Cómo va la lectura? Yo estoy que no puedo soltar Y por eso rompimos, de Daniel Handler, porque lecturas adictivas si que las hay...
Como les adelanté la semana pasada, los viernes van a ser un día de relajación y creatividad en este rincón blogueril. Practicaré un poco de escritura con la ayuda de ustedes. Por aquí encontrarán más información sobre Escritura Random.
Anoche me preparé una taza de té, me senté frente a mi escritorio, revisé los elementos que habían elegido para el relato de hoy y dejé volar la imaginación. No fue fácil, ya que ustedes dejaron volar aún más su imaginación con los elementos que eligieron, pero sé que hay cosas más complicadas, como desmoldar una tarta de manzana invertida. En fin, a pesar de haber intentado escribir desde muy niña, la práctica ha sido muy escasa en mi vida. Pero, al fin y al cabo, esto es un juego y no un taller de escritura. Entonces, ¡a jugar!.







Blanco, rojo, blanco, rojo, blanco...El viejo Leónides, con su paso cansado, daba vueltas alrededor de la gran carpa que anunciaba que el circo ya estaba instalado en el pequeño pueblo de Lori.
Blanco, rojo, blanco, rojo, blanco... contaba una a una las rayas de la desteñida y polvorienta carpa que contrastaba en el cielo gris que parecía venirse abajo. El viejo merodeaba y merodeaba, girando y girando, sin la necesidad de prestar atención al terreno. No le importaban las piedras que entorpecían su marcha ni los pozos que provocaban un estruendoso traqueteo en su carro ambulante. Conocía aquel lugar como la palma de su mano, cada imperfección del camino parecía saludarlo como a un viejo amigo.
Cada año, cuando las hojas comenzaban a mecerse en los árboles hasta desprenderse para irse bailando con el viento, Leónides comenzaba a preparar su pequeña tienda montada en un viejo y oxidado carro que, con tanta alegría e ilusión, se esmeraba en preparar, dándole una capa de pintura, y algunas veces dos. Durante su juventud, además de ordeñar vacas y pastorear las ovejas de su familia, había aprendido el oficio de letrista. Cada temporada se esmeraba en pintar el mejor cartel jamás visto. Algunas veces, agregaba una chillona bocina y otras, banderines de colores o serpentinas que se escurrían jugueteando con el viento. Intentaba por todos los medios llamar la atención del escaso público que llegaba de los pueblos vecinos. 
Sabía que quizás ésta sería su última oportunidad. Ya era viejo y sus pies le dolían cada vez más al caminar. Sus manos se sentían débiles y le costaba empujar el carro. Aún así no se daba por vencido. Debía vender al menos uno de sus muñecos. Le había prometido a su mujer, antes de morir, que no descansaría hasta ver que alguna de sus creaciones hiciera feliz a algún niño. En ese tiempo, había tenido que vender su granja para dedicarse a cuidar a su mujer, que estaba postrada en su cama y ya no podía valerse por sí misma. Pasaba las tardes junto a ella, mientras lijaba y lijaba trozos de madera, insertaba piezas por aquí y por allá, pinceladas de color que iban y venían, dibujando enormes sonrisas de satisfacción en el arrugado del viejo.
Planeaba hacer felices a todos los niños que conocía. Estaba seguro de que no podrían resistirse al encanto de los muñecos de madera que, además de ser hermosos y de colores vibrantes, el viejo les había colocado una curiosa red de tiras y alambres que, siguiendo el ritmo de la mano, bailaban ágilmente y con mucha gracia. Desafortunadamente nunca vendió ninguno de ellos. La situación del poblado era pésima, todas las familias estaban sumidos en la pobreza y no podían permitirse un lujo como aquel. A duras penas algunos de ellos lograban ahorrar durante todo el año para permitirse una entrada al circo. Y ésto no era siempre posible, por lo que se debían turnar. Un año iban los hermanos más grandes y al siguiente los más pequeños. Y si la época de cosecha había sido generosa, los padres sacrificaban una moneda para comprarles una bolsa de palomitas o un helado, sabiendo que era probable que semejante gasto podría significar irse a dormir toda una semana con el estómago ruidoso. Pero era una ocasión especial, un espectáculo como aquel los distraía momentáneamente de las  penas cotidianas y llenaba de ilusión los corazones más jóvenes.
Así fue como los años pasaban y el viejo Leónides seguía deambulando con su carro, sin clientes a la vista. Definitivamente, pensó, ese año debía encontrar un niño que llevara a su casa uno de sus muñecos. El tiempo se agotaba.
Cerca del mediodía, algunos rayos de sol intentaron filtrarse por la espesa capa de nubes, pero fue en vano. La función había llegado a su fin y la gente salía dispersa como hormigas atontadas de un hormiguero derrumbado. El eco de las risas y las expresiones de admiración llegaban débilmente hacia el rincón donde se encontraba el viejo junto a su carro. En un abrir y cerrar de ojos, la lluvia se apoderó del lugar. Caía pesadamente sobre los hombros y las coronillas de la gente que aún circundaba la carpa. Algunos se quedaron bajo el nogal más cercano, intentando cubrirse del agua. Otros corrieron hacia diversos caminos, desafiando las frías gotas que se escurrían por entre sus ropas.
El viejo Leónidas supo que la temporada de lluvias se había adelantado al menos unas dos semanas ese año. No pararía hasta los próximos dos meses. La pena inundó inmediatamente su corazón. Sabía que ya no tendría otra oportunidad para desprenderse de sus muñecos.
Cualquier demora sería innecesaria, lo único que lograría sería echar a perder su mercancía. Se levantó y tomó su carro, encaminando se regreso a su cabaña.Ya había recorrido la mitad del camino cuando se dio cuenta que alguien lo seguía. Había advertido unos pasos ajenos a los suyos pero decidió que sólo era el repiqueteo de la lluvia. Finalmente una tímida voz se hizo escuchar.
 — Señor...
El viejo pensó que estaba alucinando. Ya se había retirado toda la gente del pueblo hacia el lado opuesto. En el valle solo se alzaba una única cabaña y era la suya. La gente no se molestaba en ir hacia aquel lado del pueblo, y menos con un temporal como aquel. Finalmente, guiado por la curiosidad, detuvo su carro y giró con cautela. Descubrió que la voz pertenecía a un niño, muy pequeño y harapiento. En unos pocos segundos le contó que había venido caminando desde el vecino pueblo de Osco y que el dinero que le había dado su madre no alcanzaba para la entrada al circo, pero ante la insistencia del niño, el joven escuálido que vendía los boletos  había accedido a darle a cambio de las escasas monedas una grasienta bolsa de papel que contenía unas viejas papas fritas del día anterior.
Leónides pudo ver la decepción en el rostro del niño. Lo comprendía perfectamente. Ambos eran un par de criaturas desdichadas y sin consuelo... "Un momento", pensó el viejo. Una idea brotó de su mente como una estrella fugaz e iluminó tiernamente su mirada. Él podía cambiar la dicha del pequeño y el pequeño podía revertir el final del viejo. No todo estaba perdido. 
 La lluvia cesó finalmente. Las nubes fueron desplazadas por un viento tan frío que se colaba en los huesos. Al viejo le gustaban las bajas temperaturas, pero no porque pudiera presumir abrigos de piel ni botas de cuero de algún desafortunado carpincho... nada por el estilo, nada más alejado de la realidad. Más bien, lo que disfrutada era el dulce antídoto que curaba ese mal. Un tazón de leche caliente, una cama cubierta con el cobertor que había tejido su mujer años atrás, cuando gozaba de salud, y un libro gordo y amarillento que narraba las aventuras provenientes de la imaginación de un tal Julio Verne.
Por la ventana de la habitación observó su carro ambulante con un cartel despintado por la lluvia. Nada por arriba, nada por abajo. No había rastros de los muñecos. Una tímida sonrisa asomó en su curtido rostro. La venta había sido exitosa. Dejó el libro a su costado y de la mesita de luz tomó una crujiente bolsa de la cual sacó un puñado de papas y se las llevó a la boca.



Realmente no sé si quiero leer comentarios sobre el micro relato. Bueno, es chiste. Siéntanse libres de dejar críticas de todos los tamaños y colores. También los invito a que se animen a probar Escritura Random. No solo es entretenido sino que también bastante liberador. 
Les recuerdo también las consignas para la próxima escritura:

• El primer comentario deberá indicarme un PERSONAJE (una niña, un abuelo, un perro, un astronauta, un hombre lobo, etc.)

• El segundo comentario deberá indicarme un ESCENARIO (bosque, plaza, Marte, la luna, una isla)

• El tercer comentario deberá indicarme el TIEMPO (día, noche, atardecer, medianoche)

• El cuarto comentario podrá optar por un SEGUNDO PERSONAJE o por un OBJETO(libro, varita mágica, globos, trenes, etc.)


¡Nos leemos!





7 comentarios:

  1. Creo que soy el primer comentario, así que te voy a decir el personaje ^^
    una bailarina :3
    Me ha gustado la idea de la escritura random, si tuviera más tiempo yo también lo haría porque parece una buena manera de practicar. Un beso

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Hola! Me gustó mucho tu relato, me gusta como describís las cosas (cosa que a mi también me gusta hacer, describir lo mejor que se pueda para que el lector pueda imaginar como son las cosas).
    Muy interesante la idea de escritura random y como soy el segundo comentario... propongo como escenario la habitación de un hotel en mal estado.
    Saludos y volveré para leer el próximo relato.
    ¡Un beso! :)

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  4. Me gustó mucho, MUCHO!!! Qué destreza la tuya con las letras, Mary ♥ Realmente, me encantó ^^ Y me toca ser, de nuevo, el segundo comentario. A ver... un lugar podría ser... LA LUNA (sí, me inspiré de tus opciones de ejemplo). Además mi elección de lugar, siempre se ve afectada por el primer comentario :P Quiero ver qué belleza escribís sobre una bailarina en la luna :D

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    Respuestas
    1. AY NO! Jajaja xD ahora soy el 3cer comentario jejeje... juro que cuando comenté, sólo estaba el de Mir. Ok, ahora, siendo el tercer comentario... elijo: NOCHE.
      Un besote♥

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  5. Hola!!!
    Me encantó esta iniciativa y tu relato me ha gustado mucho. Creo que la forma en que repetías las frases le daba un sentido un poco más poético que lo hizo verse aún mejor.
    Aunque practicamente no hubo diálogos no se hizo para nada pesado y me gustó mucho como hiciste tus descripciones.
    Estoy pensando en una iniciativa parecida, pero apenas está surgiendo, tal vez estés interesada en colaborar conmigo, te enviaré un correo para hablarte de ella.
    Muy buen relato.

    Saludos!!!
    PD: Elijo un candelabro

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  6. Hola! Este relato también me encantó!!! Fue muy hermoso y tierno. La forma en que describiste a los personajes y el ambiente me pareció muy lindo! Seguí escribiendo que te sale muy bien!! Besos! :D

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